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Es el símbolo indiscutible de la era digital. Nace a cada segundo para indicar “aprobación” sobre una infinita cantidad de temas, personas y situaciones. Mientras las marcas lo desean y los especialistas hablan de comunicación “superflua”, han surgido desde controversias sobre su contribución a la libertad de expresión hasta un mercado “negro”. Sí, un mercado de me gusta truchos.

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Por ANDRÉS BACIGALUPO

Se piden, se dan, se acumulan. Ayudan a visibilizar fotos de vacaciones, sirven para promocionar toda clase de emprendimientos y pueden impulsar causas que parecían perdidas. Representan una de las maneras más ágiles de la comunicación actual: un sólo click nos ahorra la “tarea” de tipear y nos sirve para aprobar fotos, adherir a comentarios y “apoyar” esos híbridos llamados “estados” (es decir, la respuesta a la vaga pregunta “¿Qué estás pensando?”). Los me gusta, tan aparentemente triviales, son, sin embargo, el corazón de Facebook y, gracias a él, se convirtieron en innegables indicadores de aprobación y popularidad.

Para trazar esta suerte de radiografía del like, digamos, en principio, que en 2012 hubo 2700 millones de ellos…por día. Es probable que hayan contribuido a inflar los egos de millones de personas, elogiando con su muda eficacia las nuevas fotos de perfil y dejando el implícito rastro de que eso que se posteó, se vio y, en términos generales, agradó. Por cierto que es muy pertinente aquello de los “términos generales” porque, como sabemos sólo por nuestra experiencia, “likear” no tiene el mismo valor para todos los usuarios de Facebook. Habilitado oficialmente el 9 de febrero de 2009, el me gusta estuvo inicialmente asociado al consumo (de productos o de estrellas de rock, pero de consumo al fin). Sin embargo, el correr de los años y las prácticas de los internautas, lo convirtieron también en un modo simple de expresar apoyo o aprobación, tanto hacia un conjunto de ideas en general como hacia otras personas en particular.

A tus neuronas les gusta esto

El paso del tiempo también fue moldeando lo que significa recibir un “me gusta” y, contra la aparente banalidad del tema, algunos estudiosos empiezan a interesarse en el impacto real de esta minúscula acción virtual. Para los investigadores de la Universidad Libre de Berlín, por ejemplo, recibir un me gusta activa zonas del cerebro relacionadas con el placer. Esa presunta excitación neuronal ocurre en las mismas áreas que se estimulan con el dinero, la comida y el sexo. Ante esto, podemos ser escépticos y preguntarnos: ¿Tanto gustan los me gusta?

La respuesta es presumiblemente compleja pero es innegable que Facebook –y su símbolo estrella- están ganando el interés de muchos científicos sociales. La mayoría de ellos intenta esclarecer cuánto hay de cierto en aquella percepción generalizada de que el porcentaje de vida virtual “avanza” sobre la vida real y, especialmente, qué papel juegan en ello las redes sociales. Por lo pronto, disponemos de algunas cifras contundentes: de los 10 países del mundo más enamorados de Facebook, 5 están en América Latina (Argentina, Brasil, Perú, Chile y México). Los latinoamericanos pasamos, en promedio, algo más de 8 horas mensuales en la red creada por Mark Zuckerberg.

¿Happy hours?

Más allá de los números, la pregunta es cómo “son” esas horas en la red social, es decir, cómo se “llenan” y qué efectos generan en sus usuarios. En este sentido no debe sorprendernos lo que sugieren algunos estudios: todo depende de cómo se utilice Facebook.

Investigando el comportamiento de 1200 usuarios, la estadounidense Moira Burke identificó dos formas predominantes de utilizar la red social para comunicarse con los demás: “Composed Communication” y “One-Click Communication”. La primera, compuesta mayoritariamente por comentarios y mensajes directos, incide favorablemente sobre el ánimo de los usuarios, haciéndolos sentir menos solos. La segunda, dominada por los me gusta, no produce, en cambio, ningún efecto positivo.

Pero eso no es todo: Burke afirma que en Facebook las personas experimentan una sensación más genuina de comunicación cuando sostienen conversaciones “semipúblicas” (por ejemplo, a partir de una catarata de comentarios generados por un posteo en el muro) que cuando chatean en forma privada. Aquí, otra vez, no hay ningún piropo para los likes, devenidos en sinónimos de contacto superficial.

Dar y recibir LIKES

DESEADOS. Según una investigación, recibir “likes” genera placer en el cerebro.

Somos lo que “likeamos”

Pero si esta forma superflua de comunicación inquieta a los más “humanistas” y desvela a los psicólogos sociales, para los analistas de marketing se trata de un nuevo tesoro. Los innumerables me gusta que un usuario otorga a marcas, personajes y lo que sea que en Facebook se constituya como “página”, permiten trazar un perfil de consumidor notablemente detallado. En la era digital, uno es lo que “likea”.

La eficacia que tienen los me gusta como fuente de información sobre nosotros mismos, no debería subestimarse. Del análisis del vasto “arsenal” de likes que uno deja, día tras día, en su paso cotidiano por Facebook, no es difícil inferir toda clase de características personales: desde creencias religiosas y coeficientes intelectuales hasta preferencias políticas y orientación sexual.

En este caso, la aventura académica corrió por cuenta de la Universidad británica de Cambridge en base a 58 mil casos. La investigación se centró en analizar única y exclusivamente los me gusta. Luego, se aplicaron modelos estadísticos que esbozaran perfiles promedio. Y, finalmente, se contrastaron los resultados con datos proporcionados por los usuarios. La coincidencia entre una y otra fuente fue alta en varios ítems: 85% a la hora de averiguar si el usuario era demócrata o republicano y 82% cuando se trataba de catalogar a la persona como cristiana o musulmana.

Aquí, vale la siguiente aclaración de los investigadores: no son muchos los usuarios que dieron likes en iconos que reflejaran de modo explícito algún rasgo biográfico. Por ejemplo, sólo el 5% de los usuarios gays incluidos en la investigación le había dado un me gusta al matrimonio entre personas del mismo sexo.

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CLANDESTINIDAD. La insólita “granja” de likes montada en Bangladesh.

No aceptes imitaciones

Pero que nuestra información personal sea la mercancía que sustenta a Internet en general y a las redes sociales en particular, ya no debería sorprendernos. En este contexto, el me gusta es nada menos que una herramienta de recolección de datos cuyo funcionamiento avalamos tácitamente con nuestro “ok” a la política de privacidad, esa que, entre otras cosas, dice “permitimos a los anunciantes seleccionar características de usuarios a los que quieren mostrar sus anuncios…” y un largo etcétera.

El eufemismo “características de los usuarios” es un capital intangible que las grandes marcas han sabido acaparar. Compañías como Wal-Mart, Starbucks, Samsung Mobile y Oreo cuentan sus likes por decenas de millones. Estas empresas, sin embargo, son sólo la cima de la fidelización a un click. Porque la carrera por acumular me gusta empieza desde bien abajo y puede llegar a tener, por cierto, ribetes turbios.

La desmedida pasión de muchos ciudadanos de Bangladesh por los calabacines y por la película animada escocesa “Sir Billi” llamó la atención del periodista británico Charles Arthur. Resultaba por lo menos curioso que la mayoría de los likes en sendas páginas de Facebook fueran, precisamente, de ciudadanos de ese país asiático (y de direcciones IP de idéntica procedencia). Pero Arthur no tardó en descubrir lo que bautizó como una “granja de clicks” montada con la única finalidad de venderlos al mejor postor. “¿Quiere obtener muchos pulgares hacia arriba para aumentar la reputación digital de su empresa? Pues pague por ellos”.

Como una especie de Facundo Pastor, pero de las plataformas digitales, Arthur constató además que un tal “Russell” oficiaba de capataz de este singular “emprendimiento” y que sus precarizados empleados cobraban a razón de 15 dólares por cada 1000 me gusta. Habría 25 mil bangladeshíes involucrados en esta bizarra trama que evita usar boots (sistemas automatizados)  porque, precisamente, Facebook los detectaría. Los clientes, mientras tanto, son empresas de toda clase y tamaño que no quieren esperar demasiado tiempo para mostrar que miles de personas los prefieren.

Derecho o accidente

En abierto contraste con los likes apócrifos de Bangladesh, muchos ciudadanos de todo el mundo canalizan en Facebook su genuina adhesión a causas de todo tipo, incluyendo campañas políticas. El caso del guardiacárcel estadounidense Danny Carter es, en este sentido, revelador, no tanto por la acción en sí sino por el debate subsiguiente que desató con su click.

Carter dio un “me gusta” a la página de Facebook del rival político de su jefe, un sheriff de Virginia que aspiraba a ser reelecto en su cargo. Según Carter, luego fue despedido por ello y por eso, llevó el caso a la justicia, plateando –palabras más, palabras menos- que había sido echado por razones políticas.

Pero para la justicia de primera instancia dar un “me gusta” no tiene nada que ver con la libertad de expresión. El juez de distrito Raymond Jackson aseguró que es “demasiado ambiguo” considerar que las “expresiones de un click” deban ser protegidas por la Primera Enmienda. Tanto Jackson como el fiscal de turno consideraron que los “me gusta” no siempre reflejan una opinión. Es mas, señalaron que “a veces la gente da un me gusta para acceder a una página o simplemente, por accidente”.

Desde ya que “la teoría de los likes accidentales” no fue bien recibida ni por los activistas en favor de la libre expresión ni por los propios representantes de Facebook, para quienes el “me gusta” debe tener el mismo status que un cartel de “VOTE POR…” clavado en el césped de cualquier suburbio. El debate sigue abierto.

La historia que nos perdimos

Judicializado, devaluado, cuestionado. Pero, indiscutiblemente, muy popular. Como consecuencia obvia de la inserción que tiene Facebook en la vida cotidiana, el “me gusta” ha servido para abreviarnos muchas conversaciones virtuales para los que, de todos modos, no tendríamos tiempo. Como producto estrella de la era digital, resulta lógico que pueda medirse y seguirse y que se haya convertido en el parámetro de popularidad más “mainstream” de la actualidad, igualándolo todo; personas, personajes, activismo, marcas, políticos, más marcas.

Como toda invención, ha tenido usos previstos y no previstos y cada uno de los miembros de la red social más popular del mundo (que, vale la pena recordar, somos más de 1000 millones) lo usa de acuerdo a su personalidad y a una larga serie de variables que sería aburrido detallar. Mientras tanto, nos hemos olvidado del botón “no me gusta”, una idea que nunca se concretó. Una lástima, porque, de haberlo hecho, la historia de Facebook hubiera sido completamente distinta. Y, probablemente, mucho más interesante.

* Este artículo fue originalmente publicado en octubre de 2012 en El Puercoespín.

Sopa de titulares (III)

DILEMA

MIRA COMO TIEMBLAN

NO, NO ES UN TITULAR REBUSCADO. NADA QUE VER…

QUÉ LINDO EL VIDEÍTO

¿”POLIETILENIA”?

Y ACÁ ANDAMOS TODAVÍA CON “LA MATERNIDAD EN CASA…”

Titulares de: La Voz del Interior (15-04-2012), ABC.es (15-04-2012), Crónica (Comodoro Rivadavia – 08-04-2012), La Gaceta (10-05-2012), Los Andes (10-05-2012 x 2)

 

Más titulares: Sopa de titulares ISopa de titulares II

Aromaterapia

La policía londinense utilizará una novedosa arma para “neutralizar” las protestas sociales: proyectiles con un olor insoportable.

 

Faltan menos de 4 meses para las Olimpíadas de Londres pero el mal humor social británico, corolario de meses de recesión, podría arruinar la “fiesta” olímpica. Por eso, en prevención de protestas poco pintorescas para turistas y deportistas extranjeros, la policía de la capital británica ya pensó en un novedoso elemento de “disuasión”: un olor repugnante que le va a quitar a cualquiera las ganas de sostener una pancarta.

Con las sutilezas ridículas muy frecuentes en estos casos, hablamos, técnicamente del “DIP” (Discriminating Irritant Projectile), que será usado para dispersar a revoltosos. No desaparecerán ni las balas de goma ni los gases lacrimógenos pero es probable que sean opacados por este nuevo juguetito antidisturbios.

Chau ropa

Según el sitio RT en español, el “aroma” del DIP será “tan pestilente” que los afectados no tendrán otra alternativa que “cambiarse de ropa porque no podrían soportar la hediondez y la gente no podría permanecer a su lado”.

La creatividad anti protestas, mientras tanto, no se detiene: según The Guardian también se está pensando en “rayos de calor” y “armas de sonido”.

La represión, como se ve, apunta literalmente a todos los sentidos.

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Países heavy

Rareza: un mapa que clasifica a los países según la cantidad de bandas de heavy metal cada 100 mil habitantes.

 

En un primer vistazo, este mapa (doble click para agrandar) podría corresponder al típico atlas temático de desarrollo o salud. Porque en el norte de Europa están los colores intensos y en el África subsahariana los colores débiles. En el medio, todos los demás. Pero no se trata de camas de hospital cada 100.000 habitantes ni de porcentaje de personas cuyas necesidades básicas están insatisfechas. Se trata de música y, concretamente, de heavy metal.

Según datos de la Encyclopaedia Metallum (la fuente de información del mapa, que publicó Strange Maps) Finlandia tiene 54,3 bandas de heavy metal por cada 100.000 habitantes y Suecia, 37.3. El tercer y cuarto lugar de este curioso ranking también lo ocupan, Noruega e Islandia, respectivamente.

Como se observa, fuera de Europa sólo sobresalen Australia, Nueva Zelandia, EE.UU, Canadá y tres países sudamericanos: Chile, Argentina y Uruguay.

Puestos a especular, no hay ningún “gran país productor” de heavy metal en las zonas ecuatoriales. Incluso muchos de los países tropicales tienen apenas una sola banda del género; como Mozambique, Angola, Jamaica y Barbados.

La otra “coincidencia” clara que arroja el mapa es que el heavy metal es bien primermundista. Los países con más bandas por habitante también son los más desarrollados a nivel económico social. Y al revés.

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Sopa de titulares (II)

¿ALIVIO?

Perfil, 07/04/2012

 

VIDAS PARALELAS

Perfil, 07/04/2012

 

TOLERANCIA

Los Andes, 07/04/2012

 

JUBILADOS DE PRIVILEGIO

La Voz del Interior, 02/04/2012

 

ASÍ SE CUENTA UN ACCIDENTE

Diario Extra, 04/04/2012

 

AMOR FURTIVO

El Diario de la República, 28/03/2012

 

POBRES “POSTA”

ABC.es , 23/03/2012

 

Mirá también: SOPA DE TITULARES (I)

Pronòstic reservat

La última polémica de ribetes nacionalistas se debate en el extraño terreno de la meteorología por TV. ¿Debe el mapa del tiempo de la televisión pública catalana incluir a toda España?

A ojos argentinos, esta controversia resulta absurda. No sabemos mucho de identidades arraigadas ni de bilingüismo. No podemos comprender ni el afanoso empeño de unos en reivindicar su identidad en todos pero todos los terrenos ni la susceptible de reacción de otros ante el menor atisbo de expresiones de autonomía.

Dicho esto –que, en verdad, debería ir escrito en primera persona del singular- la noticia es que un futuro funcionario público ha opinado que la TV3 de Catalunya (canal público) tendría que ampliar su servicio meteorológico. Hasta ahora, las previsiones del tiempo que emite ese canal sólo muestran un mapa de los «Països Catalans», de los que Cataluña es su parte fundamental (aunque incluye también Valencia, Baleares y zonas de Aragón).

El funcionario en cuestión se llama Armand Querol y ha sido designado precisamente como vicepresidente de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales. La sencillez de su argumento parece del mayor sentido común: “Hay que dar información más amplia porque si cojo el coche y voy a Toledo querría que el señor Tomàs Molina me dijera que en Toledo va a llover”.

No “entretenerse”

Pero el impreciso grupo de “gente que quiere enterarse si va a llover en Toledo y además quiere hacerlo vía TV3” seguirá insatisfecho porque desde la Generalitat ya han dicho que ese mapa es “del todo correcto” y que, por lo tanto, seguirá existiendo.

Por eso, el portavoz Francesc Homs replicó a Querol con un argumento aún más sólido que el sentido común: el de las prioridades. Homs dijo que la dirección de medios públicos catalanes tiene “mucho trabajo” como para “entretenerse” en polémicas de este tipo.

Más POSTS/ España: El ajuste semántico

Basta de llamarme así

Durante 33 años llevó el nombre JORGE RAFAEL VIDELA. Pero ahora un fallo judicial le permitió cambiárselo. Un juez consideró que el hombre soportó “situaciones que para la generalidad de las personas resultarían sencillas” pero que para él se volvieron “violentas”.

 

Un juez de La Carlota (provincia de Córdoba) ha aceptado la petición de Jorge Rafael Videla (33) para suprimir su segundo nombre de pila y agregar el apellido materno “Schiel” en su documento.

De esta manera, el hombre podrá simplificar una vida salpicada de malos momentos originados por el sólo hecho de ser homónimo del dictador condenado por crímenes de lesa humanidad.

Lo interesante de la sentencia, que hoy publica el diario Puntal de Río Cuarto, es que se no minimiza el impacto del homónimo en la vida social del demandante. Según el juez Oscar Arrazola la circunstancia le ha generado “innumerables inconvenientes”.

Reacciones impredecibles

En sus argumentos, Arrazola señala que este Jorge Rafael Videla “ha tenido “ha tenido que afrontar situaciones que para la generalidad de las personas resultarían sencillas, y que para él se vuelven violentas”.

Así, por ejemplo, durante cada trámite que le exigía mostrar el documento o simplemente decir su nombre, el joven debió soportar “la impredecible reacción de terceros”, que a menudo oscilaba entre la burla y hasta la discriminación ideológica.

Pero el daño no ha sido sólo moral: el solicitante sostuvo también que su desafortunado nombre ha reducido sus oportunidades a la hora de conseguir un empleo.

Afortunadamente, la pesadilla ha llegado a su fin: tras 2 años de trámites y pericias la Justicia ha entendido que un nombre con connotaciones tan perversas puede arruinarle la vida a cualquiera.

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